La FIA anunció el 15 de enero de 2003 un amplio plan para eliminar varias ayudas electrónicas en la Fórmula 1. Max Mosley señaló entre ellas el traction control, el launch control y la telemetría.
El 15 de enero de 2003 se convirtió en una fecha importante en el largo debate de la Fórmula 1 sobre cuánto control debía quedar en manos del piloto y cuánto en la electrónica. El presidente de la FIA, Max Mosley, presentó un paquete amplio de cambios reglamentarios con el objetivo de reducir costes y devolver más responsabilidad al cockpit.
La medida más llamativa fue el anuncio de retirar varias ayudas electrónicas. Entre los sistemas señalados estaban el traction control, el launch control y las cajas de cambios totalmente automáticas, mientras que la telemetría entre el coche y el muro también entraba en el punto de mira. La intención era clara: reducir el peso del software, de la intervención remota y de tecnologías costosas que habían ampliado la distancia entre los equipos grandes y el resto.
El movimiento tuvo importancia deportiva y política. Para muchos críticos, la Fórmula 1 se había desplazado demasiado hacia un rendimiento gestionado por ordenadores, sobre todo en las salidas, la aplicación del acelerador y la gestión de carrera. Al intentar eliminar parte de esas herramientas, la FIA buscaba hacer los coches más difíciles de conducir y la competición más comprensible.
El plan original no se mantuvo intacto, y varios puntos fueron modificados o aplazados más adelante tras la reacción de los equipos. Aun así, el anuncio fue relevante. Mostró hasta dónde estaba dispuesta a llegar la FIA para frenar el peso creciente de la electrónica en la Fórmula 1 de comienzos de los años 2000.
