Brian Hart murió el 5 de enero de 2014 a los 77 años, y con él se fue uno de los grandes constructores independientes de motores en Fórmula 1. Sus propulsores dieron vida, entre otros, a Toleman, Jordan y Minardi.
Brian Hart murió el 5 de enero de 2014 a los 77 años, y la Fórmula 1 perdió a uno de sus constructores independientes de motores más respetados. En un campeonato cada vez más marcado por grandes fabricantes, Hart representaba una tradición más antigua y menos frecuente: la del ingeniero especialista que competía contra rivales mucho mayores apoyado en ingenio, constancia y sensibilidad técnica.
Su nombre quedó ligado a Hart Racing Engines, la firma que suministró motores a varios equipos de F1 a lo largo de distintas etapas. Los motores Hart impulsaron a escuderías como Toleman, Jordan y Minardi, además de aparecer en otros proyectos en años de turbo y también de motores atmosféricos. Eso tuvo valor porque demostró la capacidad de Hart para adaptarse a un entorno de cambio técnico permanente.
Su aportación fue especialmente importante para los equipos pequeños. Hart les ofreció acceso a una ingeniería competitiva y muchas veces creativa, en momentos en que la distancia respecto a los grandes fabricantes podía volverse excesiva. Como consecuencia, ayudó a sostener parte del espíritu independiente que durante tanto tiempo definió al automovilismo británico.
Su fallecimiento, por tanto, significó más que la pérdida de un nombre histórico. Hart encarnaba una forma de artesanía técnica en Fórmula 1 que fue desapareciendo a medida que el deporte se hizo más caro y más corporativo. Sus motores no contaban con los recursos de los gigantes, pero sí con un respeto profundo en el paddock. Por eso su muerte marcó algo más que la pérdida de un ingeniero. Señaló también el cierre de un capítulo muy particular en la cultura técnica de la Fórmula 1.
